1. The Muzungu Sisters

    Tuve la oportunidad de visitar la tienda efímera de Tatiana Santo Domingo y Dana Alikhani en Madrid. The Muzungu Sisters es una iniciativa de estas jóvenes socialités que vende artesanías recolectadas a lo largo de sus viajes por el mundo, se aseguran de pagar un precio justo a los artesanos y de que los materiales y técnicas sean auténticas. 

    Mi primera impresión fue: “Increíble que esto sea rentable”. No veía como una operación de ese tamaño, que incluye viajes al rededor del mundo en primera clase y hoteles cinco estrellas (porque ¿cómo más viajarán ellas?), podía sostenerse a punta de artesanías, de las que yo podía conseguir en mi país fácilmente por precios significativamente más bajos y sin caminar demasiado. Pero luego me di cuenta que esto resultaba muy exótico para todas las visitantes y que aportaba ese toque de originalidad que es tan difícil de conseguir en la actualidad (esto es un tema pendiente); además, tiene ese componente de comercio justo, que lo hace aún más atractivo.

    No sé en realidad cuánto puedan ganar estas amables emprendedoras con su proyecto, lo que sí es cierto, es que no deja de ser interesante y de ser el sueño de más de una fashionista con una hippie en su corazón (se me ocurren una o dos de mis amigas).

    Lo mejor del montaje es que ellas mismas usan las prendas y te hacen imaginar que con uno de esas chaquetas marroquíes de 300 € podrías hacer que un heredero aristócrata de ponga un anillo de diamantes en el dedo. Los bolsos indios son hermosos, con sus espejitos y colores, y los boleros peruanos son increíbles, lástima que cuesten lo que me cuesta la renta del mes. La sencillez de la tienda no tiene nada que ver con sus costos, pero me imagino que si el montaje fuera más elaborado, el precio sería una cosa loca.

    Afortunadamente, no se puede discutir la calidad de los materiales y del trabajo manual. Amo las artesanías, me encantan los colores y el toque de originalidad que aportan a cualquier outfit, pero nunca pagaría esos precios. Prefiero sorprenderme con un hallazgo increíble mientras camino en alguno de mis viajes, de presupuesto un poco (mucho) más ajustado, y terminar con una buena compra, después de regatear una hora con el vendedor.

Notas

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